lunes, 9 de marzo de 2009

sense*

Cuando es de noche la casa está en silencio. Me gusta cuando llega este silencio y puedo escuchar mi respiración, así, de noche y en silencio puedo observar por un buen rato la sombra de la araucaria en la pared, se balancea, dice algo pero no la entiendo, ni me esmero en entenderla, sólo está ahí y sólo eso. Puedo sentir el frío que pasa por la ventana abierta, fumar acostado en el suelo -frío también- y puedo escuchar ladrar a esos perros, los perros de alguien o los perros que viven en la calle, que pelean se persiguen, se gruñen, tal vez unos huyen, también puedo ver una parte del cielo acostado en el piso, 10 o 12 estrellas; ¿para qué querría más? A veces en este estado, dejo de pensar y todo es simple: sólo estar y dejar que todo suceda, sólo, sin mí. Eso pasa por acá en las noches.

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